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La apuesta por los espacios preescolares al aire libre

Jardines de aprendizaje que permitan a los niños menores de cinco años volver a clases, pero al aire libre. Se llama “Juntos Afuera” y es el proyecto que lleva adelante María José Buttazzoni, fundadora del jardín infantil Ombú, junto con Antonia Valdés y Magdalena Moreno, en alianza con la UDD y Unicef.

Por: Sofía García-Huidobro | Publicado: Domingo 6 de septiembre de 2020 a las 04:00 hrs.
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En el mundo de la educación primaria desde hace algunos años se ha planteado la existencia de un trastorno infantil por déficit de naturaleza. Atenta a estos estudios, María José Buttazzoni, venía reflexionando sobre la necesidad de que los niños entre 0 y 5 años pasen más tiempo al aire libre y adapten su aprendizaje al exterior, en lugar de permanecer durante horas al interior de una sala de clases. A nivel internacional ese tipo de experiencia se denomina outdoor learning. Con la llegada del coronavirus a nuestro país y el cierre de los establecimientos educacionales, a María José se le hizo evidente que este era el momento preciso para impulsar el cambio. 

Comenzó por desechar su plan de ampliación a un terreno vecino del actual Ombú, ubicado en la comuna de Vitacura. Se deshizo de los planos y decidió utilizar ese espacio para instalar un jardín sin paredes y con características específicas que faciliten el aprendizaje al aire libre. Este se transformará en el lugar piloto de “Jardines de emergencia al aire libre” que formarán parte del proyecto de impacto social Juntos Afuera. La idea es que esta modalidad se instale en distintas comunas del país, para lo que Buttazzoni se está aliando con distintas instituciones. Con Antonia Valdés y Magdalena Moreno, sus socias en Ombú y cocreadoras de Sôki, laboratorio de innovación para el aprendizaje, se acercaron a la Facultad de Educación de la Universidad del Desarrollo donde imparten la carrera de Pedadogía en Educación de Párvulos con mención en Aprendizaje al aire libre, a partir de un convenio con la Universidad de Macquarie en Australia. Además ya cuentan con el patrocinio de Unicef y están gestionando además el apoyo de Unesco. María José afirma que han tenido una buena acogida ya que se trata de una iniciativa posible de concretar y de impacto positivo para la infancia.

Jardines de campaña

“El futuro de los niños es siempre hoy”, con esta frase de la poeta y premio Nobel, Gabriela Mistral, impulsora además de las escuelas granjas, comienza la presentación de Buttazzoni sobre el proyecto Juntos Afuera. “Los educadores sabemos lo grave que ha sido para este país haber cancelado la primera infancia sin haberle dado más vueltas. Es fácil decir: “los niños primero”, pero al final ellos no salen a protestar, no votan y no tienen redes sociales, entonces se pueden meter debajo de la alfombra”, afirma la educadora sobre los posibles estragos que tendrá a largo plazo el haber tenido a los niños encerrados en sus casas durante tantos meses. Entendiendo que se trata de una urgencia sanitaria, plantea que se requiere generar soluciones de emergencia, ahora. “Al principio estábamos medios desorientados con esta nueva situación que además nadie sabía cuánto duraría, pero a medida que va pasando el tiempo hay niños que llevan cinco meses encerrados sin naturaleza, sin sol, sin aire libre y sin otros niños. Subió la violencia familiar, pero bajaron las denuncias”, agrega. En la medida que algunas comunas avanzan en las fases de reapertura Paso a paso, y los lugares de trabajo comienzan a reactivarse, los padres tienen que resolver qué hacer con los niños en las casas. He ahí la importancia de levantar estos nuevos jardines de aprendizaje, tal como si fuesen hospitales de campaña, dice la fundadora de Ombú. 

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“No podemos dejar a toda la población de 0 a 6 años desatendida durante los meses que esto pueda durar o eventualmente si hay rebrotes. Los niños tienen que tener acceso a estos espacios al aire libre. En fase 4 los niños podrían volver, pero con condiciones insólitas; cuatro niños por salas y rodeados por una mica”. Agrega que en distintos vecindarios, independiente del nivel socioeconómico, se han comenzado a organizar guarderías informales y eso abre dos posibles riesgos: que existan casos de contagio sin trazabilidad y que los niños estén a cargo de alguien que no cuente con la supervisión de una institución educativa.

Espacios posibles

Para desarrollar el proyecto Juntos Afuera hay dos formatos: aquellos jardines infantiles que cuenten con los metros cuadrados de patio suficiente, podrán instalar ahí los programas de outdoor learning, que contemplan diferentes texturas y alturas que estimulen el aprendizaje de la mano de las bases curriculares. En los casos que no dispongan de ese espacio, la idea es solicitar a los municipios la posibilidad de equipar espacios públicos de la comuna, ya sea multicanchas, plazas o terrenos baldíos. 

La Facultad de Educación UDD podría capacitar de manera no presencial, hasta mil educadoras parvularias, de aquellos jardines infantiles que se sumen a Juntos Afuera, de manera de instruirlas específicamente en aprendizaje al aire libre. Se trata de un conjunto de juegos a través de los cuales se desarrolla la capacidad de adaptación de los niños basándose en referentes internacionales, pero de la mano de las bases curriculares que exige el Mineduc y la Subsecretaría de educación parvularia. 

Ya están en conversaciones con fundaciones dedicadas a la infancia y con algunos municipios para definir jardines pilotos a partir de octubre. Buttazzoni calcula que el costo de levantar cada uno de estos jardines de campaña bordea los 30 millones de pesos, y señala que le gustaría desarrollar los primeros modelos en Renca, Las Condes y La Pintana. Si se trata de un espacio público facilitado por la municipalidad además habría que contemplar la alternativa de elementos desmontables y almacenables, e involucrar a la comunidad para que se comprometan con su cuidado de estos.

Igualdad al aire libre

En cuanto a la implementación misma de estos jardines de aprendizaje, Ombú funcionaría como centro de práctica. En principio el desarrollo físico del proyecto quedaría a cargo de una fundación que se dedica a crear paisajes de aprendizaje para establecimientos educacionales. “En países nórdicos se utiliza mucho el sistema outdoor learning pero en un contexto de naturaleza, el desafío aquí es trasladar este concepto a la ciudad”, dice la educadora, también coautora de «Niños, a comer». Las condiciones climáticas no son impedimento, asegura, según lo demuestra la experiencia en países donde las temperaturas son mucho más bajas que las nuestras. Incluso en Puerto Varas hay un jardín infantil de outdoor learning que funciona con clima lluvioso y frío. Estos espacios deben contener áreas de luz y sombras, distintas texturas como piedras, arena y agua, y materiales de exploración libre que impliquen desafíos para los niños, de manera de desarrollar el autoestima y la resiliencia. Estos “juegos”, guiados por un profesional que ejerce de hilo conductor entre los niños y su entorno, explica Buttazzoni, se traducen en aprendizaje significativo. “Este proyecto en realidad se trata de devolver a los niños al aire libre, no sé en qué minuto se nos ocurrió confinarlos a salas de clases. Es preocupante la cantidad de niños en Chile que presentan obesidad y sedentarismo”, comenta la profesional. Su sueño, confiesa, es que todos los jardines del país, de norte a sur, tuviesen estos paisajes de aprendizaje. “Si todos los niños pudieran tener una experiencia similar, les devolvemos la igualdad y subimos la vara”, afirma citando el interés superior del niño declarada en la Convención sobre los derechos del niño de la Unesco. “Que no queden niños sin educación durante un año entero, o más. Los tiempos de crisis son una oportunidad para empezar de nuevo. La pregunta es si nos hacemos cargo o miramos para el lado. Esto es emergencia, busquemos soluciones y luego las vamos perfeccionando”, concluye. 

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